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El otro día descubrí este mensaje y lo compartí con todos vosotros, hoy me lo he vuelto a encontrar y me ha hecho pensar en el motivo que me impulsó a sentirme tan identificada con él y he decidido que también podía compartir esas reflexiones con vosotros. Al fín y al cabo lo peor que puede pasar es que os aburran y no terminéis de leer pero ¿y si os gustan y además ayudan a alguien a decidir que ya es hora de hacer lo que realmente quiere hacer?
Pórque ese es realmente el meollo del asunto; desde que nacemos nos pasamos la vida intentando hacer lo correcto, encorsetados por condicionamientos culturales, sociales y por las limitaciones que nuestro miedo a hacer el ridículo, a decepcionar a otros o al fracaso nos impone, y eso nos priva de llevar a cabo ideas, proyectos e impulsos que podrían cambiar nuestras vidas y nuestro entorno, unas veces para mejor y otras seguramente para mal. Pero hay algo que desde que tengo uso de razón he pensado: Si me tengo que arrepentir de algo, que sea de algo que he hecho, nunca de algo que he dejado de hacer, porque de todas las experiencias, incluso de las más desastrosas, se extrae una lección. Todo lo que hacemos nos enseña, nos enriquece y nos hace crecer y madurar. Pero ¿qué podemos aprender de lo que, (por miedo a la responsabilidad, al que dirán o a las consecuencias), dejamos de hacer?. Respuesta: absolutamente nada, tan sólo la incertidumbre sobre lo que habría sucedido si……
Por eso, al leer esa frase tan corta, decidí, desde la perspectiva y la “sabiduría” que me conceden los 56 tacos que he cumplido que era el momento de decir Basta. Ha llegado la hora de hacer lo que quiero y como quiero, comer cuando tenga hambre, dormir cuando tenga sueño, leer hasta las siete de la mañana si me apetece, y limpiar y poner en orden mi casa cuando me apetezca y no porque vayan a venir visitas. Aprender a manejar las energías y jugar con ellas, dominar el lenguaje del Tarot y conseguir que sus Arcanos sean mis cómplices, descubrir las propiedades de plantas y minerales y ponerlo al servicio de los demás, conocerlo todo sobre Astrología y el Zodiaco, interpretar los mensajes de las velas y de los Ángeles, comunicarme con el Universo y aprender, aprender y aprender aunque todo el mundo a mi alrededor decida que me he vuelto “rara”.
He decidido que se acabó ser políticamente correcta, socialmente correcta, emocionalmente correcta. En realidad siempre he sido bastante espontánea e impulsiva y no he dejado de hacer demasiadas cosas, pero hay dos o tres a las que por miedo a enfrentarme a las consecuencias no me atreví. Cosas que hubieran cambiado radicalmente mi vida y mi mundo; no sé si habría más feliz o menos, pero ciertamente yo no sería la misma, y todavía hoy, en esos momentos de tristeza, de bajón, en esas noches de insomnio larguísimas, hay una pregunta que se repite inmisericorde en mi cabeza y retumba con el latir de mi corazón “¿Y si….?”
Ha llegado la hora de decir, como los gallegos con el Prestige, “nunca mais”. A partir de este momento empezaré a vivir la mitad de mi vida y no pienso dejarme nada por hacer. Asumiré lo que haya que asumir, cargaré con la culpa si hay que hacerlo, me enfrentaré a las consecuencias de mis actos y mis deseos, sean las que sean, pero la vida es demasiado corta para perderla con convencionalismos, miedos o dudas; las oportunidades cada vez son más escasas y no hay tiempo para desperdiciarlas por el que dirán o por miedo a decepcionar a los demás, afortunadamente los que me quieren me conocen y siempre están ahí, dispuestos a darme una mano para levantarme si tropiezo, secarme las lágrimas si lloro, curarme las heridas si es necesario y sanarme el alma si se me rompe, con una sonrisa. No son demasiados pero sí todos los que necesito.
ASI QUE YO NO PIENSO AÑADIR NI UN SOLO “¿Y SI….?” MAS A MI LISTA, TÚ ¿QUE PIENSAS HACER CON LOS TUYOS?………………………………………
Rosa Maria Fernández Riego

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