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Cuando ves la película Jurassic Park aprendes que habían unos bichejos llamados velociraptores, son los malos de la película, su inteligencia, muy avanzada, su arte al cazar, muy original, uno asoma la cabeza para que te fijes en él. mientras otros dos atacan por los flancos.

Eso es exactamente lo que volví a ver ayer en una tienda esotérica de renombre de mi ciudad, hasta ahora me lo habían explicado y lo había visto hacer una vez, parece que la crisis afecta a todos y hay que encontrar otras fórmulas para recaudar fondos.

11.30 de la mañana, entro en la tienda, no a buscar nada, si no por que pasé por delante y entré a echar un ojo, a ver que había, dentro de la tienda habían tres mujeres, la dependienta, alta, pelo largo, suelto, rizado, de color rojo, como el color de su blusa, y dos mujeres mas una de cabello negro, media melena, con pinta de estudiante, observando las vitrinas y otra con mas apariencia de ama de casa, regordeta, con el pelo rizado de color rubio, examinando los libros, ninguna de ellas llegaba a los 40 años.

Para quien no me conozca, aparte del esoterismo me entusiasma el ilusionismo, de hecho, actúo en algunos locales algunas veces, este aclaratorio es necesario para entender como se desarrollaron los hechos.

Estoy mirando la gama de velas y se acerca la dependienta diciendo ¿le puedo ayudar en algo?, no gracias, solo estaba mirando.

Velociraptor uno enseña la cabeza: mire, no es por nada, pero tiene usted como si le hubiesen hecho algo, como si llevase un diablillo dentro, la miro con cara de poker, velociraptor dos ataca por el flanco: yo me había dado cuenta pero por prudencia no me he atrevido a decir nada, velociraptor tres ataca por el otro flanco: yo también he notado algo, no se decir, algo muy negativo, la primera insiste en el segundo envite, puedo ayudarle, ¿quiere que hablemos?.

La duda me asaltó, por una parte decirles que las había visto, que no perdiesen el tiempo, pero me dejé llevar por la travesura, en mis bolsillos, de normal siempre llevo algún artilugio, entre ellos una especie de tiritas que al frotar tus dedos produce humo, con lo cual, las miro fijamente una por una y les digo: no llevo ningún diablillo, si no un señor diablo, pero soy conocedor de ello, mirad mis manos, entonces empiezo a sacar humo, con lo cual se quedan muy desconcertadas, las señalé con el índice, una por una diciéndoles: por usar mi nombre en vano os visitaré la próxima luna negra, cuando estéis dormidas en vuestras camas, entonces sabréis quien soy, entonces os lamentareis amargamente.

Ahí se quedaron las tres, tiesas como un palo, perplejas, sin saber que decir, la rubia tenía cara de gran susto, las otras dos, de pasmadas, por mi parte, salí a la calle mal aguantando la sonrisa, a este tipo de depredadoras, un pequeño susto les viene de primera, ¿o no?

Patricio

 

 

 

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