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Vemos al Loco, con sus cascabeles, nos lo imaginamos sonando mientras camina, con un ritmo, formando en si mismo una melodía, es como si melodía y locura caminasen juntos, uno provoca lo otro, porque la música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón, hay una diferencia entre oír y sentir la música.

Es como cuando amamos a alguien, lo relacionamos con una o varias melodías, cuando estamos con ese alguien nuestros cuerpos vibran al compás de esa deliciosa música, porque la música es la voluptuosidad de la imaginación,  de la misma forma cuando esa persona está lejos, aquella melodía se te clava en el alma como un puñal sin alma, frío, agudo, hiriente, con lo cual, muchas veces no sabes que es mejor, haber conocido, extrañar y sufrir la desdicha  de la lejanía o el desamor, o no haber conocido y no sentir nada.

A este personaje musical lo relacionamos con la ancestral figura del chamán iniciado, un ser extraordinario que estaba en contacto con entidades superiores, con su magia musical en forma de canto  aplacaba la ira de los animales, sanaba enfermedades o presagiaba el futuro.

La música provoca en nosotros una serie de sensaciones, nos marca unos momentos, influye en nuestro humor, provoca en nosotros una reacción, como este arcano, lo miras y te dan ganas de ponerte en marcha, ¿hacia donde?, no importa, ya se verá, la lucha es contra la monotonía, el hastío, contra el no hacer nada, dejar pasar el tiempo.

Las cosas no se arreglan solas, se pudren, y cuando eso pasa el personaje coge su música y se larga de allí, quizás no físicamente, pero si su espíritu, para poder sonar en otra parte con toda intensidad para deleite de quien lo valore.

Patricio

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