RSS

Normalmente las personas que conocemos se dividen en tres grupos, los que son felices en su relación, los que no, pero cambiando de pareja o de entorno tienen la capacidad de serlo y los que no lo serán jamás hagan lo que hagan.

El ejemplo de mis padres es escaso, ahora mi padre tiene 94 años y su cabeza no funciona demasiado bien, aunque conserva en un rincón su vena de escritor, hace tan solo 5 años todavía escribía versos a mi madre, son como los agapornis, de un solo amor.

Particularmente creo que esto del amor en pareja tiene fecha de caducidad, ¡menos mal que no todo el mundo piensa como yo!, la experiencia me lo ha demostrado, demasiadas relaciones, demasiados fracasos, unas veces culpable, otras inocente y otras ni inocente ni culpable, las cosas son como son y ya está, ¿demasiado enamorado del amor?, ¡ah, no se!, cada uno tiene sus medidas para todo, sobre todo para esto, pero claro, como también cada uno tiene un concepto sobre el tema amoroso, la cosa muy fácil no es.

Esto podríamos definirlo como estados transitorios de felicidad, bueno, no me parece mal, si es lo que hay, es lo que vale, entonces toca vivir el momento con intensidad, y el mañana dios dirá, toda angustia o preocupación es vana.

Por último están los incapaces de ser felices, es igual lo que te entregues, es igual lo que te esfuerces, cuanto mas lo hagas, mas te rechazarán, hoy te quiero, mañana no y pasado si otra vez, ¡que lío!, ¿verdad?, un lío parecido a la carta de Los Enamorados, la mirada del chico mira a una de ellas pero el cuerpo le tira hacia la otra, muchas manos parece que hay, pero falta una, parece que hay algo que no se enseña o no se ve, ¿una madre y una hija?, ¿una suegra y una posible nuera?, ¿un amor entre varios personajes?, ¿una indecisión ante muchos amores?, es curioso donde se dirige cada una de las manos, ¡cuanto lenguaje corporal en una sola imagen!, ¿tendrá esto algún sentido aplicable a la realidad?, ¡vete a saber!, las cartas son a veces tan extrañas, delante de nuestros ojos pero velado, solo cuando lo descubres sabes que lo habías presentido sin verlo, como el pene de La Sacerdotisa, ¡y tan santa que parecía!

Patricio

Deja un comentario