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Hace años tuve un trabajador llamado Emiliano, su oficio era albañil, por aquel tiempo yo tendría unos 40 años y Emiliano unos 55, bajito, lo digo yo, que soy un tapón, si, tapón, pero lleno de sorpresas,  un día,  yendo los dos en mi coche hacia la dirección que teníamos que prestar servicio, sabía que estaba cerca, pero no exactamente, con lo que le dije: Emiliano, mírame esta dirección en la guía, actúa como si no me hubiese oído, con lo cual se lo repito, Emiliano, mírame esta dirección en la guía, me mira y no se mueve, empiezo a mosquearme, lo miro fijamente y le digo por tercera vez, Emiliano, quieres hacer el puto favor de mirarme esta dirección, su respuesta me rompió los esquemas, perdóname. No se leer.

Aquello me tuvo pensativo durante el día, a media tarde me lo llevé al bar a hablar con él, mira Emiliano, he estado pensando algo, cada día acabarás una hora antes, y en esa hora yo te enseñaré a leer y a escribir, matemáticas, historia, filosofía, no te preocupes, lo haremos jugando, lo vamos a pasar bien

Su respuesta fue demoledora, no quiero, yo ahora soy feliz, me enseñarás muchas cosas, y me harás más infeliz, por favor Patricio, no me quites la felicidad.

¡¡¡Ostias!!!, ¿quitar la felicidad a alguien?, ni se me ocurre, ya puede pensar lo que quiera el resto del planeta, al final, todo es una cuestión de enfoque, porque cuando la ignorancia es felicidad el conocimiento es locura.

¿Cuál es la meta principal en la vida?, o por lo menos ¿Cuál debería ser?, ¿Qué nos debemos a nosotros mismos? como número 1 de la lista ser felices.

Seamos felices, queridos, no permitamos bajo ningún motivo ni razonamiento que nadie nos robe ni mutile nuestra felicidad, sea como sea o llame como se llame.

Patricio

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