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Rosa amaba profundamente a Sylvya, su hermanita, después de la muerte de sus padres en aquel terrible accidente habían quedado solas, era lo único que tenía, su diferencia de edad era grande, Rosa tenía 24 años y Sylvya solo 7, había llegado cuando según los médicos ya no debían venir mas niños, nació enferma, sietemesina, cadavérica y esquizofrénica.

A veces Sylvya se mostraba locuaz y tremendamente inteligente, demasiado bella para ser tan pequeña, otras se abstraía, se convulsionaba, parecía que le cambiaban las facciones, Don Patricio, el cura, decía que parecía endemoniada, poseída, desde que dijo aquello no volvió a dirigirle la palabra, ¿Qué sabrá este imbécil?

A Sylvya le gustaban mucho los escorpiones, tenía dos terrarios, en uno de ellos había cuatro, en el otro solo uno, Sylvya, ¿Por qué este escorpión está separado de los demás?, ¡ah! porque este es especial, el rey, el mas poderoso, es un Andróctonus, ¡pues vaya nombrecito!, ¡como para aprendérselo!, no es difícil, Rosa, Andros = hombre, ktonos = asesino, asesino de hombres, cuando te pica uno de estos, sientes un dolor insoportable en el lugar de la picada, se inflama de una forma desmesurada, ataca al sistema nervioso, te paraliza, pero el dolor lo sientes igualmente, entras en estado de convulsión, te falta la respiración y mueres tras atroces sufrimientos, el veneno de los demás es clarito, el de éste es diferente, de color cereza.

Hacía unos días se había alquilado el apartamento continuo, pasados unos días el hombre había venido a presentarse, José, unos 40/50 años, con barba, pulido, profesor de inglés, con traje, pelo castaño, muy afable y educado, Rosa estaba encantada, Sylvya no, sabía perfectamente lo que había en su mente, suciedad, estuvo callada todo el tiempo, mirándolo fijamente, esto inquietó a José, Rosa se dio cuenta, No te preocupes José, a veces Sylvya entra en estos trances, actúa normal, en un rato se le pasará, pero no se le pasó hasta que José  se fue.

Rosa dormía placidamente, era  ya de madrugada, Sylvia no, pensaba en el hombre, lo había presentido antes de alguna manera, le entraron ganas de ir al baño, como siempre con la luz apagada, le gustaba la oscuridad, en ese momento algo le hizo mirar hacia la pared, allí había un agujero, el ojo de José estaba mirando, ¡ah!, ¡con que era eso!

José estaba excitado, había visto ducharse a Rosa, ahora vería a la pequeña loca, la niña entró, iba cantando una canción.

Mi huerto es muy bonito

Muchas frutas hay en él

Todas ellas deliciosas

¿Cuál es la más buena de todas?

Las cerezas

La niña se desnudó y se metió en la ducha, sin duda era preciosa, vio que la niña desaparecía, se habrá agachado a lavarse los pies o a coger jabón pensó, todo pasó en un instante, volvió a aparecer la cara de la niña, mirándolo fijamente, pero no era la misma niña, esta daba miedo, como si estuviese endemoniada, poseída, sintió la punzada de un alfiler en el ojo, no atinó a ver que en la punta había un líquido color cereza, lanzó un alarido, el dolor lo consumía, notó como el ojo empezaba a salirse de la cuenca, no podía moverse, estaba paralizado, empezaba a faltarle la respiración.

Rosa se levantó, hizo lo primero que hacía todos los días, ir a ver a Sylvya, estaba profundamente dormida, ¡que bonita era!, parecía un angelito indefenso, pensó: tranquila Sylvya, yo te cuidaré y te protegeré siempre.

Patricio

 

 

 

 

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