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Esta es una palabra que nos gusta mucho a todos, cuando muchas veces uso bien las máscaras del Carro, para que no se me vea bien lo que pienso, la experiencia me dice que cada vez tardo mas en precipitarme en una respuesta de aquellas guapas, pero que marcan para siempre cualquier relación.

Un oriental te diría que estás equivocado, nada de sinceridad, todos los sentimientos se ocultan bajo una leve sonrisa, agachar la cabeza y decir: Hai (si), no muestres tus sentimientos jamás, es un síntoma de debilidad.

Miras el tarot y a todas las cartas le encuentras pegas en cuanto a sinceridad, un loco que no lo está tanto, un mago que de por si es un tramposo, una sacerdotisa con demasiados “velos”, una emperatriz que mira de reojo, un Emperador que no está en palacio, un Papa con secretos ocultos, unos enamorados que les falta un brazo, un Carro que no es lo que parece, una Justicia que hace trampas, y así con todas, menos uno, que se muestra tal como es, El Diablo, aquí estoy, soy así, o me tomas o me dejas.

Porque, sinceridad, ¿exactamente que es?, si nos vamos al original vemos que proviene del latín “sincerus”, y se aplicaba a los antiguos comerciantes, en sus ánforas, cuando se quebraban yl no valían para los líquidos, pero les daban unas capas de cera y para el grano sí eran útiles, digamos que eran ánforas de “segunda”, calidad.

O sea, las sin cera eran las de calidad, las auténticas y las con cera eran para el grano, tenían un secreto, un truco, algo que estaba pero no se veía.

A veces el origen de las palabras nos aclaran muchos conceptos.

Patricio

 

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