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Eso suele pasar cuando te apagas, cuando empiezas a desilusionarte, cuando has luchado sin fruto, parece que hayas intentado plantar en un pedregal, mucho esfuerzo y poquísimo  resultado, y llega ese momento en el que piensas: no se

No se si reír o llorar

No se si hablar o callar

No se si mentir o decir la verdad

No se si creer o desconfiar

Si vuelvo a caer no se si me volveré a levantar

Fracasos, frustraciones, desengaños, el quedar bien, el conservar la armonía, al precio que sea, a veces avasallador, un precio muy caro.

Entonces vemos que nos cuesta dormir, estamos inapetentes, no nos gustamos a nosotros mismos, nos cuesta salir de casa, y no hablemos de divertirnos, eso parece que sea cosa del pasado.

Delante de una circunstancia, en esos momentos solo se te ocurre una respuesta “no se”.

¿No se o me importa un pepino el tema?, porque a lo mejor si estoy cargado es cargado de cosas de los demás, de sus malos rollos e historias nefastas que hago como mías, lo cual me pudre un poco, el problema es del otro no mío, lo que puedo hacer es aconsejar y ayudar en lo posible, pero después tengo que volver a mi obligación principal, ser feliz.

Semanas desprovistas de toda lógica, pasión, alegría, motivación, desparpajo, esas pasan volando, no te das cuenta y estás agarrotado, sin ganas de nada.

La gente te ve por la calle y te dice cosas tan molestas como ¡anímate!, ridículo, es como si me rompo una pierna y lo que me dices es ¡ve corriendo al hospital!.

¿Y cual es la parte mas frustrante del tema? Cuando tienes un problema, sabes exactamente de que problema se trata, sabes cual es la solución, le has dado muchas vueltas, no hay otra solución, solo esa, pero te quedas parado, siguiendo sufriendo pues esa solución tiene efectos colaterales.

Y al final todo por una cuestión, que los demás sean felices, para crear un clima de armonía en el que después encajarás perfectamente y te sentirás feliz.

Pensar de esta manera es pecado, ¿y que es pecado?, cuando los legionarios romanos iban a práctica de tiro con arco y fallaban en la diana el juez decía ¡pecado!, has errado en el blanco teniendo cualidades para haberlo hecho bien.

¿Y que es lo que tengo que hacer?, ser feliz yo, así podré transmitir felicidad, si busco antes la felicidad de los demás es posible que esta cuestión acabe haciéndome infeliz, si no algo peor, empezar mal, empezar a decir: no se.

Patricio

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