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El tema de la muerte es algo nos planteamos muchas veces en la vida, cuanto mas viejos somos mas pensamos en ello, en contra de cuando éramos jóvenes, que nos veíamos casi indestructibles,  el tema siempre da que pensar.

Nos dicen que prácticamente la cosa se divide en tres grupos o posibilidades de lo que pasa cuando te mueres, de alguna manera cielo e infierno, de alguna manera reencarnación o bien aquí se acabó el carbón, o sea la nada.

¿Y si al final no fuese ninguna de estas tres posibilidades?, las tres ideas tienen partidarios, algunos muy seguros de ellas, ¡ay!, no se, tantos y tan seguros en sus diversos conceptos a veces hacen dudar.

Particularmente en la vida he ido de un concepto a otro dependiendo de varios factores, a veces he tenido muy claro tanto cielo/infierno, reencarnación, o aquí se acaba la cosa, otras andado en un mar de dudas.

Curiosamente, hablando tanto con creacionistas, como incrédulos en lo respecto a la vida en el mas allá, siempre he encontrado un diálogo respetuoso, en cambio con algunas personas del mundo esotérico, que en teoría debería ser mucho mas abierto, he encontrado burla, como si en ese momento no sentirme reencarnacionista fuese cosa de gilipichis ignorantes, ya, lo último de lo último ha sido relacionar la reencarnación con la física cuántica. Y cuando me han preguntado ¿sabes que es la física cuántica?, he contestado, unas pinceladas si, ¿y vosotras?, ¡ostias!, ¡flipa colega!, no tenían ni idea, asombroso para dos personas que han empezado burlándose ¿no?

Si hay algo que tenemos los humanos es la libertad de pensamiento, a lo mejor si hubiese visto a un resucitado lo tendría mas claro, si me viese claramente construyendo una pirámide o asaltando la bastilla igual la cuestión cogía otro cariz, pero no, hasta hoy no he visto nada de esto, o sea que puedo pensar lo que me de la gana, todo serán suposiciones.

Porque en el fondo, ¿Qué es la muerte?, un salto al vacío, a lo desconocido, ¿miedo?, puede ser, igual no lo sabes hasta que llega el momento, al borde de la muerte pueden cambiar muchos conceptos, solamente hubo un momento que pensé que moría, la sensación que tuve es que nada tiene importancia, ni enemigos, ni deudas, ni amantes, ni hipotecas, ni amigos, ni trabajo, nada, solo algo, que te vas.

Me alegro enormemente no estar ligado a ninguna creencia cerrada, obtusa, vetusta, intransigente, de casco cerrado, tipo Sacerdotisa, crítica con los que no comulgan con sus ideas, prefiero algo parecido a la cabeza del príncipe del Carro, corona abierta, receptiva, avanzando, ¿a mi bola?, claro, como sea a la de otro perderé parte de mi identidad, como tu de la tuya, si me haces mucho caso a mi o a cualquiera, escucha primero a tu intuición, al final suele ser la mejor consejera.

Patricio

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