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Esta es una frase que muchos hemos oído desde muy temprana edad, y casi siempre se ha referido a alguna chica de vida demasiado alegre, dicho en un tono despectivo y curiosamente, utilizado más por mujeres que por hombres, pero ¿de donde proviene esta frase?

En origen no fue putón desorejado, si no pendón desorejado, analicemos la palabra pendón, tiene varias acepciones, señal o bandera, refiriéndose en este caso a las banderitas que habían como señalización de un burdel, aunque popularmente también se refería a los trozos sobrantes de las telas con que confeccionaban los sastres, de ellos se hacían colchas, fundas, y curiosamente unos vestidos de “restos” que eran utilizados por la clase mas humilde y prostitutas de la época, es muy posible que por una parte de ahí se derive la metonimia de designar “pendones” a las prostitutas, que a la postre, en algunos países vendría a derivar en la palabra “pendejo”

Hay otra teoría que me parece muy atractiva, no se contradice, si no que se complementa, que la palabra provenga del latín “penna” (pluma), que a través del francés (penon) se trasladase al castellano “pendón”, ¿Qué sentido tendría esto?, mucho, pues a los condenados por llevar una vida licenciosa o escandalosa se les llenaba de brea y se les emplumaba como castigo de escarnio, entre otros, a borrachos, morosos, tramposos y prostitutas, de ahí también la palabra “pringado” para ofender, claro, pringado de brea antes que te emplumasen.

¿Y desorejado?, ¿a que se refiere?, en la edad media, cuando cometías delito y eras condenado, habían dos posibilidades, delito con final de muerte o de no muerte, en caso de muerte, la peor pena era “la muerte cruelísima”, en la cual se hacía un camino a pie, en el que se iban haciendo unas paradas para ser castigado el reo, aparte de latigazos se le arrancaban partes de su cuerpo en cada parada, con lo cual, lo que estaba deseando es que lo colgaran ya y dejar de sufrir aquella atrocidad.

Cuando la condena era por robo sin violencia con resultado de muerte, aparte de la flagelación oportuna con látigo, o hierro candente, se le cortaban las orejas al condenado, para que todo el mundo supiese que era un ladrón, así estabas prevenido cuando veías a un desorejado, lo normal era guardar las distancias.

Ya solo queda al lector unir ambos conceptos para sacar sus propias conclusiones.

Patricio

 

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