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Hace un par habábamos del perdón hacia terceros y veíamos que tarea fácil no es, aunque si posible, pero…..¿y perdonarse a uno mismo?, ¡ah! queridos, esto es harina de otro costal, si hay alguien que nos critica sin piedad somos nosotros mismos, ¡pues vaya un amigo que tenemos!, ¿amigo?, muchas veces es nuestro peor enemigo, nosotros mismos.

Mari Pili se ha ido a la cama con otro, claro, normal, yo ya soy mayor, el  otro le aporta juventud, otro brío, no me tomo la vida en serio y ella necesita a alguien mas formal, seguro que tiene el pito el doble de largo que yo y lo debe hacer trabajar de fábula, soy demasiado infantil, y cosas así, y otras mucho peores son las que me puedo decir o pensar en un momento dado, en caso que pase eso.

¡Que coño!, ¡se ha ido con otro porque le ha salido del chichi!, yo he dado lo que he sabido y me he esforzado, con lo cual lo que pasa es que me he enamorado de un pendón, la cosa era mucho mas sencilla, y si soy culpable de algo es de falta de cálculo preciso, así me servirá de lección y aprenderé para la próxima, porque a veces no se muy bien lo que me gusta, pero lo que no me gusta lo tengo super claro.

¿Y cuando la he cagado yo por idiota?, primero tengo que entender que no soy don perfecto, con lo cual es totalmente lícito fallar, muchas veces no es que lo haga a propósito, no, parece mas bien que lo llevo en los genes, ¿y cuando me equivoco?, ¡si hay veces que me parece que no tengo ni puta idea de nada!, pero si no experimentas, si no te mueves, si no la cagas, si no te explota el experimento en los morros no aprendes, con lo cual no avanzas.

El otro día hablaba de la edad de la calidad, que en mi caso empezó sobre los 50 años, he aprendido a perdonarme cualquier cosa que haya hecho, incluso lo prácticamente insufrible ha servido para aprender algo, aunque sea lo que no me interesa de ninguna manera, me arrepiento de algunas que han quedado por hacer, aunque sean del todo de color blanco y estén mal vistas, aunque de alguna manera lo voy corrigiendo y haciendo deberes atrasados, solo los que tengo ganas y me apetece.

Parece que el juez interior que tenemos sea La Justicia, solo que en este momento la vemos de formas diferentes, tu la ves rígida, mirándote fijamente, amenazante, y yo la vero burlona, tramposa, y con unas ganas tremendas de dejar de fingir, quitarse la corona, solarse el pelo, aparcar un rato la espada, pesar un par de posibilidades de pasarlo bien, y pegarnos una fiesta del 15, igual tenemos suerte y no nos juzga nadie, ni nosotros mismos, ya sería la ostia.

Patricio

 

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