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Veíamos ayer la situación de la pareja Emperador/Emperatriz, orden descendente, con un vacío a donde se dirigen sus miradas, hoy vamos a llenar ese vacío con un ejemplo de lo mas habitual, en lo que es el Tarot de la puta realidad, naturalmente hay más interpretaciones y mas ejemplos con diversas cartas, alguno más pondremos.

Le he añadido La Estrella a la izquierda y El Mago a la derecha, y lo he hecho un poco mas gracioso en algunos puntos y lamentable en otros, observemos la escena, ¿Quién es el primero en romper la normativa?, El Emperador, ¿Y que mira?, a la carta La Estrella, ¡ostias!, una hembra en bolas, eso es lo que piensa, ¿Por qué lo sé?, porque la mira a través de su “cetro”, eso es lo que pasa cuando pierde de vista lo que tiene que mirar.

Observemos algo más que hace El Emperador, le da la espalda a La Emperatriz, ya no la mira, ya no la atiende, ya no hace lo que es su obligación, hacerla sentirse deseada, recordemos que los antiguos griegos tenían tres palabras para definir amor: “agape”, amor entre amigos, “filios”, amor entre familia, y “eros”, amor entre pareja, y a veces parece que se cambia el “eros” por el “ágape”, produciendo a la otra parte frustración, rabia e impotencia, echándose las culpas a si misma de las carencias de la otra parte, por eso, en este caso imaginario, La Emperatriz está mirando al Mago, el cual la admira y la vuelve a hacer sentir deseada.

Observando la escena podríamos poner monólogo a la misma:

¿Qué me dices?, ¿Qué criticas?, ¿Que miro al Mago?, normal, el que me tiene que mirar tiene su atención puesta siempre en otras cuestiones más importantes, mi cuerpo reclama atención, mimo, placer y este personaje que tengo al lado no se toma la molestia de mirarme, todo es automático, sin pasión, y solo tengo dos alternativas, o me voy con El Mago, que me haga magia, me devore entera y me mate de placer para que me de un aire, o no me muevo de donde estoy y me muero en vida entre manipulaciones acusatorias, autoacusaciones, desprecios, porque a nivel de pareja, el que no te aprecia te desprecia y y acaban en  autodesprecios, provocados por ti, cabronazo.

 

¿Podría ser esta una lectura?, ¿Por qué no?

Patricio

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