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Somos unos cuantos que arrastramos traumas, de la infancia, de la juventud, de anteayer, es lo mismo, son como cuchillas afiladas que se mueven dentro de ti a la menor asociación con el hecho que tan poderosamente ha lacerado tu alma.

Entonces aparece un personaje que te da la solución maravillosa, algo que nunca se te había ocurrido, se viste de Papa y te da la respuesta a tus aflicciones: NO PIENSES EN ELLO, ¡oye!, ¡y se queda tan pancho!, todavía no se si es desconocimiento, infantilismo o burrismo agudo.

¿Cómo te pueden decir que no pienses en ello?, si hasta en sueños se refleja, ¿le puedo decir a una mujer que ha sufrido una violación no pienses en ello?, si hasta el olor del personaje se ha quedado grabado en su olfato, ¿a alguien que ha sufrido tortura en algún momento de su vida?, si todavía se despierta llorando después de tantos años, ¿a quien no tiene para comer mañana?, pues no consuela mucho, la verdad.

¿Si hubiesen pasado por algo parecido dirían también no pienses en ello?, lo dudo, o no darían soluciones tan simplistas a problemas tan profundos, simplemente te están pidiendo un imposible, lo podrás llevar mejor o peor, pero ahí está, en tu mente y en tu alma, si, el tiempo va curando, hasta que te asaltan los sueños para recordártelo, entonces ¿Cuál sería el consejo?, ¿no sueñes?.

No saben, no comprenden, no entienden una cuestión básica, no estás pidiendo ayuda ni consuelo, ni tampoco que te den ninguna solución, solo que te escuchen, ni que te consuelen ni que te reconduzcan, solo que te escuchen, no necesitas mas.

Recuerdo en una ocasión el fallecimiento de un familiar de un amigo, mira, en estas ocasiones uno no sabe que decir y dice lo que se suele decir en estas ocasiones, que no es ningún consuelo, a veces, como remedio va bien pegarse una fiesta, si no tienes con quien yo me ofrezco, su reacción fue sonreír y decir, eres la primera persona que me hace reír en tres días, gracias.

Se habla mucho de superación y está genial, una cosa es la teoría y otra la vida real, ese ya es otro cantar, rápidamente damos consejos que después no nos aplicamos, o que nos molestan enormemente cuando nos los dan a nosotros, ¡que poca memoria tenemos a veces!

Algo se, que en los tiempos mas felices aquellas heridas sangran poco, en cambio, en cuanto la infelicidad hace su aparición vuelven a sangrar, es como cuando odias una comida, por ejemplo, la coliflor, y empiezan a insistir en cuestiones como, estás cargado de manías, se nota que no has pasado la guerra, no la has probado como la hago yo, serán que no hay comidas para que te machaquen con algo que detestas.

A veces solo necesitamos que nos escuchen, no necesitamos Papas que nos sermoneen, a lo mejor solo Locos que anden con nosotros, nos escuchen y nos sonrían, nada más.

Patricio

 

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