RSS

Cada año, por las mismas fechas, navidades, el Loco, ese personaje vivaracho, alegre, jovial, entraba en unos momentos de melancolía.

Cada año lo mismo, empezaba a escuchar música navideña y una profunda desazón inundaba su alma de tristeza, muchos eran los recuerdos de navidades pasadas, mucha felicidad e ilusión de pequeño y disgustos muy profundos de momentos my tristes.

Recordaba a Ruth, su amada Ruth, recordaba todavía su olor, la suavidad de su piel, su belleza, sus rebeldes cabellos, su sonrisa, sus besos, la felicidad completa, hasta que Ruth se fue.

No fue la muerte la que los separó, si no el destino, recordaba sus palabras, “te querré siempre”, y ahora, solo, sentado en un columpio recordaba con dolor aquellos momentos tan felices, sus venidas, solo verla era un bálsamo para su ánimo, desaparecía todo malestar, se le levantaban los hombros y la sonrisa era su forma habitual de expresión.

¡La sonrisa!, algo que perdía cuando se acercaba esta fecha, normalmente lo sola sobrellevar bastante bien, pero la fecha asesinaba su alma, demasiados recuerdos, demasiados sentimientos, como un pozo sin fondo en el que se van apilando los recuerdos.

La noche era fría, pero ni lo notaba, estaba demasiado absorto en sus pensamientos, la vida era algo que estaba perdiendo interés a pasos agigantados, solo alguien había venido a visitarle, la muerte, y le había anunciado que estas serían sus últimas navidades, las próximas volvería y se lo llevaría con ella.

Había recibido la noticia con serenidad, con alivio, sin temor, solo algo dijo: querida muerte, ¿no podrías adelantar un año el suceso?, ya nada me retiene aquí, todo ha perdido sentido.

La Muerte lo miró, desvalido, en aquel columpio, la tristeza y el abatimiento se dibujaba en su rostro, tenía el alma destrozada, la Muerte tuvo compasión de él, simplemente tocó su hombro y le dijo; “ven conmigo”,

Al día siguiente lo encontraron en el columpio, muerto, tenía los ojos abiertos, la cara alegre, y la boca en forma como si hubiese querido decir su última palabra, su último pensamiento, Ruth.

Patricio

 

Deja un comentario