RSS

A veces estamos tristes, apáticos, silenciosos, es como una tristeza vaga, permanente y profunda, una sensación de vacío, los gallegos tienen una palabra que lo describe muy bien, es la palabra “morriña”, y cuando tienes eso, ni gustas ni disfrutas de la vida.

Es como si una tristeza perenne se apoderase de ti, como si todo estuviese muy lejos, los sentimientos se revuelven sin dirección, chocando entre ellos, dañándose en un baile masoquista en el que piedad no tiene cabida.

Existió un pintor muy famoso llamado Vincent Van Gogh mundialmente conocido por sus obras, aunque no tanto por sus escritos personales, en uno de ellos dice:” Estoy muy triste y me siento mas desgraciado de lo que puedo decir, y no se hasta donde he llegado… no se que hacer ni que pensar, pero deseo vehemente dejar este lugar… siento tanta melancolía”.

Alguna vez he hablado de mi amigo japonés Shimoda, siempre te da otro punto de vista en el que no habías caído, por una razón, pensamos en occidental,  y él combina con el pensamiento oriental, suele decir que la melancolía es un dragón sin alma que se desplaza del ombligo a la lágrima.

Dicen que las personas propensas a la melancolía son las mas dotadas para el amor, pero cuando te pasa a ti, es como una tristeza que se extiende, como una mancha de aceite, lenta e inexorable y no tienes ni estropajo ni detergente para limpiarte el alma.

Unos creen que después de la muerte puede haber un infierno, otros creen que el infierno está aquí, yo también lo creo, justamente localizado en el corazón de alguien melancólico por que sin duda, la lucha interna será infernal.

La melancolía tiene un grupo de amigos selectos, el abatimiento, la tristeza, la congoja, el desconcierto, con todo esto y una pizquita de angustia inconsolable puede salir un coctel de lo más curioso.

Esta es Templanza invertida en todo su esplendor, hasta que no la vives no la entiendes.

Patricio

Deja un comentario