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Ayer, Lys Auriga, en su página Hermandad de brujas, sacaba un tema muy interesante a debate, el asunto era sobre las maldiciones,  La concepción antigua mas documentada  de la palabra, es sin duda la  hebrea, pero allí tiene tres acepciones diferentes:

Qalal: hablar sin respeto, de forma despreciable e injuriosa, pudiéndose aplicar por igual, cuando lo haces en la cara de alguien o a sus espaldas, o sea, la mas aplicable  al día de hoy y al concepto que quiero referirme.

Arar: ser maldito por Dios o pedir que Dios maldiga a alguien (otra cosa es si te escucha), es lo que hacen las autoridades religiosas cuando excomulgan a alguien, le llaman anatema, maldito , la misma raíz  de la palabra se aplica a trabajo mágico para perjudicar a alguien, en este apartado tengo una experiencia negativa, tras una infamia, la cual consideré en su momento imperdonable, hice algo que no debía y tras el amargo resultado pagué por ello un alto precio.

Khalah: maldición = juramento, la maldición se refiere a dos cuestiones,  a una maldición divina específica por testificar en falso en un juicio, Levítico 5:1,  también es aplicable a cuando dos personas se ponen de acuerdo en algo y ponen a Dios por testigo, costumbre antigua muy extendida en su momento, en ese caso es condenado y castigado por la justicia divina.

Avanzando hasta el latín, vemos que la palabra es “male dictus”, es muy interesante ver que de la misma raiz  dicere, deik, provienen: decir, indicar, veredicto, índice, entre otras, de ahí la idea de señalar con el dedo índice .  para maldecir.

Así como de male, malus, proviene maligno, maldito, malevo, entre otras.

Al usar una sola palabra para varios conceptos es cuando vienen los lios de interpretación, los antiguos no tenían ese problema con este tema, tenían claro a que se referían en cada momento.

De todos estos conceptos, voy a referirme al  primer concepto, maldecir = decir mal =  2 interpretaciones o lecturas,  1 pedir y desear que ocurra un mal a alguien, 2 hablar con mordacidad o denigrando a alguien, sea en su propia cara o a sus espaldas.

La impotencia, el mal humor o la rabia son mas que suficientes para generar una maldición, si los acompañamos de la envidia, el egoismo o el odio, puede degenerar en un mal de ojo.

¿Qué es lo que pasa exteriormente cuando hacemos eso?, se genera una energía negativa que puede tener resultados negativos en otra persona, una palabra mal dicha puede tener un efecto brutal en la otra persona, cuando hay bronca, se palpa en el ambiente, etc, punto a ampliar, pues tiene miga, pero ¿Qué nos pasa a nosotros cuando tomamos ese tipo de actitud?

Nos denigramos como personas, entramos en fase de negatividad interior, nos dañamos a nosotros mismos y descienden considerablemente nuestras defensas espirituales, se debilitan o se agrietan, con lo cual quedamos mas expuestos, en concreto a un efecto boomerang entre otros, porque en el universo hay un equilibrio.

El mal se alimenta de dos cosas, la negatividad y el miedo, si predomina nuestra parte espiritual (buen rollo) y carecemos de miedo hacia esas cuestiones, pueden hacer exactamente lo que les de la gana porque el efecto será imperceptible.

Si no es así tendremos que recurrir a las limpiezas, las oraciones, la magia talismánica o los rituales.

En cierto aspecto la espiritualidad es la lucha contra la parte negativa de  uno mismo.

Patricio

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