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Para hablar de las sibilas nos remontaremos a tiempos de la Grecia Clásica y del Imperio Romano, eran aquellas mujeres temidas y respetadas, inspiradas por Apolo, a las que consultar el oráculo.

Tu querías consultar a una sibila, ¿y que hacías? Te apuntabas en unas listas y pagabas una cuota,  y cuando te llegaba el día ibas a consultar, aparte ese día, tu te presentabas delante de la sibila con una ofrenda generosa, por dos motivos, el primero no ofenderla, no fuese que entonces te maldijese y empezases a tener brotes “casuales” de mala suerte, y el segundo porque la magia se paga, o se paga, o no funciona, te tiene que costar, tiene que haber un equilibrio, pero, ¡ay! ¡Pagar!, pues es como todo, si pretendes pagar migajas, pues migajas tendrás a cambio, ¿para que está la carta La Justicia? Para darle equilibrio al mazo, esa es la palabra clave de este escrito, equilibrio.

En las consulta podían pasar dos cosas, entendías perfectamente el mensaje que te estaban diciendo, o solo lo entenderías llegado el momento adecuado.

Salías de la consulta a la sibila, y podías pensar ¡bah! Esta sibila no me ha gustado, iré a consultar a otra, pues bien, tenías que esperar un plazo, volver a apuntarte en las listas y volver a pagar.

Sibila no era cualquier mujer que se ponía un gorro y sabía preparar cuatro infusiones y dos conjuros, para ser sibila tenías que tener vocación y preparación, había unas pruebas muy duras que pasar, para mostrar unas dotes.

¿Había falsas sibilas? Claro, como hay ahora falsos tarotistas o falsos videntes ávidos de rapiña, pero eran rápidamente detectadas por sus errores en las predicciones, y las consecuencias de su falsedad, si tenían suerte eran la burla, el escarnio y el descrédito público, aparte de reparaciones a personas afectadas, si la ley se aplicaba con toda su dureza las consecuencias podían ser mucho mas graves, las leyes eran severas al respecto, no como ahora, que cualquier carroñero, por llamarlo finamente, inspirado por su idea de trabajar poco y ganar mucho con el sudor ajeno, se aprovecha de las personas, sin tener ni pajolera idea, o teniéndola, para el caso es igual, pero si la tiene, que asuma consecuencias que seguro le vendrán, cobrándoles sumas de dinero muchas veces vergonzosas, engañándolas y metiéndoles en la cabeza ideas malignas para después hacer ver que se las han quitado, o todavía peor, creando un vínculo encadenante que crea una dependencia económica para uno y la capacidad de vivir como un rey para otro, ….pero con fecha de caducidad, después viene la angustia.

Hay que ver las cosas desde varios puntos de vista para tener la perspectiva completa, por ejemplo, la naturaleza, ¡que cosa tan preciosa! ¿verdad? ,totalmente inspiradora, pues la naturaleza es el mayor asesino en serie de la historia con diferencia, cuando simplemente robas o estafas a otros infringes una ley, la humana, y puedes acabar pagando un precio, depende, cuando conoces otras cosas e infringes otras leyes sabiendo que lo estás haciendo, pagas otros precios, pero los pagas, no te escapas.

En la Torah hay un apartado muy curioso, el de pecados y maldiciones que pasan de padres a hijos, algunos hasta la cuarta generación.

¿quieres consultar el tarot? Ve a un profesional reconocido, suele costar como el psicólogo, mas o menos le cuentas lo mismo y te da otro punto de vista.

Patricio

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