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Hemos oído, leído, experimentado que las apariencias engañan, parece que es algo que se olvida rápido, por lo menos a mí, a veces parece que no aprendo.

Era un sábado por la noche, hace ya algunas semanas, y para ese día había organizado y anunciado una ruta nocturna por la Barcelona misteriosa, un recorrido que incluía, la maldición del Liceo, La calle de los brujos, La vivienda y costumbres del verdugo, El caso del ataúd, La visita de la muerte, La ruta del martirio, La casa de la vampira, El gremio maldito, la iglesia de los misterio, La casa de los masones y El hostal del carnicero.

Habían asistido bastantes personas, una en concreto llamó mi atención, una señora ya mayor, bastante delgada que caminaba con un bastón, aquello me hizo dudar, ¿aguantará esta ancianita  todo el recorrido?, por un momento me recordó al Ermitaño.

La cosa duró unas dos horas y media, recorrido-parada-explicación, al cabo de una hora y media veía como la energía en general iba flojeando, menos la anciana, no había modificado su paso para nada, ahora iba de las primeras, a mi lado, que abría la procesión, los demás iban ya un poco más despacio.

Cada vez que parábamos sacaba una pequeña libreta e iba apuntando notas conforme yo iba explicando, era la única que lo hacía, al cabo de dos horas todavía faltaban dos lugares, mi cabeza estaba lúcida, pero mi cuerpo un poco cansado, la única que no parecía cansada era la anciana, iba a mi lado, sin cambiar para nada su paso, íbamos hablando sobre el recorrido cuando le pregunté, ¿oiga, usted no está cansada?, respondió: ¿cansada? ¡Ah!, con estas historias que  usted explica es imposible cansarse, bueno, pues parece que los de atrás no opinan lo mismo, ¿no le parece?, la respuesta fue muy curiosa: es que estos jóvenes de ahora no tienen ningún aguante.

En ese momento salió mi Emperador de adentro, le dí la razón y me puse una de las máscaras del Carro en mi rostro para que no se notase mi cansancio, la próxima salida la haré después de cenar, desde luego, cosas que la experiencia te va enseñando.

Al final, cuando dije: bueno, señores, hemos llegado al final,  espero que el recorrido haya sido de su agrado, fueron unas felicitaciones con cara de alivio, menos la ancianita que dijo, ¡ah!, ¿ya está?, con lo interesante que estaba esto, por mi no lo haga ¡eh!, ¿por ella?, por ella todavía estaríamos en este momento en el corazón de la judería explicándole su historia casa por casa.

Una vez más había hecho “el canelo”, una vez más había prejuzgado y me había equivocado, de una forma totalmente imprevista el Ermitaño me había derrotado, parece que aguante tiene mucho, está visto que nunca aprenderé.

Patricio

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