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¿Alguna vez te has enamorado perdidamente de un personaje de ficción?, yo si, de Irene Adler, ¿y esa quien es?, la mala perversa de la cual se enamora perdidamente Sherlock Holmes, ¿y como fue eso posible?, si lees sus novelas, ves que Sherlock se ha codeado con mujeres bellísimas y exuberantes, en cambio, a Irene podríamos considerarla, tanto nosotros como ella misma,  como “una del montón”.

Era una mujer delgada, pocas curvas, rasgos vulgares, esos eran sus defectos, ¿y sus virtudes?, dominaba como nadie la combinación entre el color negro, las trasparencias, el maquillaje, su cabello rojo, la sonrisa y la mirada, pero eso solo fue el principio, porque a esta mujer, a diferencia de las demás, Sherlock la intuyó.

Imagina mi escena, el primer encuentro, soy Sherlock, me dirijo hacia la entrada del número 221B de Baker Street, es donde vivo,  Watson me acompaña, es luna negra, el ambiente nocturno  londinense es oscuro, iluminado con cierta melancolía por un mortecino farol de gas que brilla a lo lejos, entre la niebla, me dispongo a entrar en casa con Watson, de repente, una voz a mi espalda, femenina, un poco grave y perfectamente modulada que pronuncia una frase: Buenas noches mister Holmes, la miro, de alguna manera sé que he encontrado a alguien a mi altura.

¿Y cual fue el desenlace de la aventura? ¡El gran Sherlock Holmes es vencido por una dama!, eso hizo que se enamorase perdidamente de ella, alguien superior a él, alguien que le había vencido en el juego de la inteligencia, son curiosas las reticencias de ella, pues lo ama, pero no predomina la pasión, ella es demasiado analítica para corresponderle de momento, y eso enloquece a Sherlock, porque cada día que pasa la desea más.

¿Y que piensa Sherlock en aquella escena?, cuando ve más allá de lo aparente, exactamente cuando la mira al interior de sus ojos: ¡es la cosa mas bonita que se ha visto bajo un sombrero en este planeta!, ¡ni queriendo piensa tan lento como yo!, ¡¡Watson!!, necesito ayuda, algo me está pasando y no se que es, y posteriormente, al recordar, evoca: “raramente me he sentido atraído tanto por una mujer, pero al contemplar aquel rostro, delicadamente coloreado, aquella mirada, aquella sonrisa,  acompañada con la suave frescura que le dio la naturaleza, supe……..”

Sin duda una mujer fascinante, de ahí su apodo, la mujer, para mi, La Emperatriz.

Mi admiración hacia el creador del personaje, Sir Arthur Conan Doyle.

Patricio

 

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