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Cidá de Borneiro, A Coruña, Galicia, siglo I ac

 

La bruma de la noche caía sobre el castro, Cedric miraba desde la lejanía su hogar, ese poblado típico gallego, amurallado, con varias viviendas en forma circular, por fin llegó, las antorchas y una hoguera central iluminaban el lugar, ahí estaba el anciano Brayan explicando historias, con todo el pueblo a su alrededor, se sentó a descansar, escuchando el relato del anciano.

¿De que queréis que os hable hoy?, la respuesta fue unánime, de la anciana, ¡Ah! su nombre es Silvia, ¿Y que nombre es ese? Preguntó Aldair, un pecoso muchacho pelirrojo, Brayan lo miró amablemente, cada nombre tiene una historia, este proviene de Selva, bosque, de ahí que sea la mujer del bosque, el interés crecía, todos escuchaban atentamente, los mayores la conocían todos, pues todos habían ido a consultar cuestiones, a visitarla cuando estaban enfermos, habían llevado a sus hijos, todos la respetaban, todos le tenían temor, era la hechicera.

Brayan siguió con su relato: Hubo un druida muy poderoso llamado Mael, la costumbre de su linaje es: hombre enseña a mujer, mujer enseña a hombre, solo un discípulo, así están veinticinco años, hasta que se renueva el ciclo, por eso ahora convive con Dilan, su alumno y sucesor, llamado a ser grande, como grande fue Mael, como grande es ella.

Con sus pócimas nos cura, con sus oraciones nos sana, con su sabiduría nos tiene unidos, ¡a nosotros! ¡los celtas! que nos pasamos la vida discutiendo y peleando entre nosotros, y hasta ahora hemos contenido a los romanos, pensad en esto, ¿Qué hubiese sido de nosotros sin ella?

¿Recordáis la noche del pantano?, nos superaban considerablemente en número, en equipo militar, solo el pantano nos separaba, entraron el él y desaparecieron, las raíces de los árboles los engulleron, el lodo los ahogó, desaparecieron, César estaba enfurecido, Roma de luto, habían cambiado su euforia por dolor, sus viudas los lloraron.

Respetad su retiro, ella os ama y os protege, sed generosos con ella, llevadle presentes, no la ofendáis, si os maldice, la desgracia se cebará en vosotros y llorareis amargamente.

La hoguera se extinguía, la humedad hacía su presencia en el ambiente, la noche se cerraba, se iban retirando, desde la lejanía Silvia y Dilan miraban hacia el castro, estaban cogidos de la mano y sonreían.

Una historia celta alrededor de la luz y el calor de la hoguera.

Patricio

 

 

 

 

 

 

 

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