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Solo una vez hablé de mi primera maestra, la que te enseña cuando eres pequeño, como jugando, la mujer de mi tio, la gitana, la que no podía tener hijos, la que no podía estar con los suyos, pues estaba con un “payo”pero sin quererlo, por circunstancias desgraciadas, me tuvo a mi, cinco años, en un pueblecito del  sur de Francia.

Su magia era natural, leía las manos, hacia manualidades, le gustaban mucho los muñecos, era su manualidad preferida, recibía personas, al atardecer, en una especie de casita, hecha por mi tío, de forma manual del tamaño de 2×3 mas o menos, le pagaban en dinero o en especies, su altar era sencillo, un tapete de hilo blanco, bordado por ella,  una figurita de la Virgen de las Angustias, una vela y un vaso de agua.

Tenía un don con los animales, simplemente la amaban, no existía perro fiero, la miraban, ladeaban la cabeza y hacían ese ruidito que hacen cuando como que lloran con la boca cerrada, era algo muy curioso, siempre, durante esos cinco años, siempre estuve con animales,  siempre la seguían, de lo mas variado, perros, gatos, gallinas, patos, ocas y mas,

Le costaba enfadarse, decía que la vida no es mas que una ilusión, una tontería, una repetición de todo, con mas malos que buenos, y mas penurias que glorias, pero, si se enfadaba de verdad, te miraba fijamente, te señalaba con el dedo, y mas vale que le pidieras perdón rápido, si no como mínimo tenías unas pesadillas horribles, una diarrea importante o un dolor de cabeza insufrible.

Un día, estando en el huerto que tenia debajo de casa, vio una paloma blanca, la llamó y la paloma vino, se quedó con ella hasta un día antes de fallecer, la seguía como un perrito, a pata, como un patito  y siempre se ponía en el mismo vértice de la puerta de su habitación, le puso nombre, la llamó Curruca, la gitana y la paloma se amaban.

Un dia, siendo yo ya mayor, estaba con ella, estaba ya en su fin, dijo:  mira, yo voy a morir mañana, y no quiero irme sin saber que es eso que te atormenta tanto: me deshice en lágrimas en su regazo, le expliqué los abusos recibidos por un familiar, (siempre es un degenerado, o amigo cercano de alguna manera o un familiar) el dolor, la indefensión, el sentimiento de culpabilidad, simplemente me arrulló, como cuando era pequeño y susurró, tanquilo mi niño, me voy a ocupar, es mi regalo de despedida, Yo y la Curruca le estaremos esperando.

Cuando me recompuse, la miré, parecía que había recuperado fuerzas de repente, me pidió el álbum de fotos y un cuchillo, saqué de él la foto del familiar,  llamó a la Curruca, la acarició, le susurró unas palabras,  la besó y le quitó la vida, cogió su corazón e hizo algo con la foto que me niego a relatar en detalle para que no sirva de mala idea a nadie, solo que con él tocó un poco mas debajo de la cintura de este personaje y en su barriga, después, volvió a apagarse, al día siguiente murió, se fue y teniendo mucha familia, de alguna manera, me dejó solo, hasta que encontré a Mayma.

No había pasado un año cuando mi madre me lo comunicó, aquel familiar tan bueno, ejemplo para todos,  pobre, mira que le ha pasado,  le diagnosticaron un cáncer de testículos, y también de hígado, está fatal, deberías ir a verlo, hazlo por mi, yo no tengo valor, lo quiero demasiado, no puedo.

Jamás les expliqué nada del suceso y en ese momento tampoco lo iba a hacer, no tenia ningún sentido,  después de darle millones de vueltas, decidí echarle valor a la cuestión, satisfacer a mi madre y enfrentarme a mi fantasma.

Esperé en el pasillo del hospital a que estuviese solo con el compañero de habitación, esperé un rato mas y entré, estaban dormidos, me senté a su lado, aquel individuo ya no era el monstruo, había cambiado, era un residuo indefenso,  lo miré durante un rato, acaricié su mano y abrió los ojos, no me reconoció, normal, habían pasado muchos años, le hice memoria, relacioné la familia y entonces recordó el lazo, hizo una mueca, como algo parecido a intentar sonreír, cuando asoció le recordé mas cosas, acercándome a su oreja, en voz baja, entonces su mirada cambió, porque recordó lo que siempre había querido olvidar, le dije otra vez al lado de la oreja: no tengas miedo, no he venido a hacerte daño, lo he pensado miles de veces, pero vengo en nombre de mi madre, y ella te quiere.

Sin saberlo te asesinaste a ti mismo, haciendo lo que jamás debiste hacer, ni siquiera pensar, hace  años, ahora pagas, mañana ya no estarás aquí, hay alguien esperándote, una gitana y una paloma, se llama Curruca.
hay un momento en la vida que te importa un pito todo, sobre todo, lo que crean o piensen los demás, cuando sueltas desbravas, te sirve de terapia, y recuperas un poco de paz. si este escrito ha servido para que alguien desbrave habrá valido la pena.

Patricio

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