RSS

A veces parte de la vida se trata de aguantar, aguantar a los padres, a los hijos, a la pareja, vecinos, amigos, familiares, compañeros de trabajo, amores diversos, obligaciones, obligaciones, obligaciones.

Te vas acostumbrando, te vas haciendo a la cosa, mas o menos vas saliendo, a veces resoplando, pero mas o menos llevamos nuestros asuntos y obligaciones al día, bueno, no todos, no olvidemos que somos latinos.

Un buen día resulta que estás hasta el moño de tanta tontería y dices ¡basta!, ¡ostias!, ¡que me ahogo!, y ese día hay entre una explosión y un terremoto, envías a la mierda a unos cuantos, porque es que no hay quien los aguante y para los otros pones el letrero de no molestar en una temporada, estoy desagobiándome.

Si te fijas en La Torre, vemos que es de color carne, como si nos representase a nosotros, pero ¿de que forma?

Con un acto que podría ser en apariencia ínfimo, sin importancia, pero resulta que es el que ha colmado el vado,¡hasta aquí hemos llegado!, ¡ya no aguando mas!, ¡ni un miligramo mas!, entonces abres el tejado, cae un rayo.

Si nos fijamos en las ventanas parece que tengan la misma forma que las tablas de la ley, demasiadas normas, habrá que modificar esas ventanas y darles otra forma.

Hay que defenestrar a esos dos guardias que vigilan que todo vaya bien, y si al echarlos por la ventana se espachurran es lo mismo, ¡que se jodan!, si esos dos guardias que se llaman sufrimiento y opresión, ya no tienen cabida, sobras, a la puta calle, sin compasión ninguna, llevan con nosotros demasiado tiempo, parece que sean ya de la familia y son unos intrusos.

Es curioso, cae el rato, el tejado se abre, echamos sin miramientos a los guardias, ¿y entonces que pasa?, unas bolitas rodean a la torre, unas bolitas que parecen mas confetti que maldiciones, una especie de ¡ya era hora, coño!, a partir de ahora voy a ir a mi bola total.

Ya nunca mas seguir consejos de otros que no van con nosotros, ya no volver a aceptar compromisos engorrosos que no nos apetecen para nada, y empezar a vivir la vida sin interferencias de gilipollas insoportables a nuestro alrededor, ya estoy hasta el gorro de gente que no me interesa a mi alrededor, a algunos con la diplomacia entenderán, otros habrá que decírselo mas clarito, para que no hayan dudas, al final es el precio de la felicidad, y si no, como mínimo el de la tranquilidad.

Patricio

 

Deja un comentario