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Rebeca es una mujer menuda, de piel muy blanca, manos alargadas, mirada escrutadora, es una artista, una creadora, alma atormentada, tremendamente inteligente, su oficio, su afición, la creación de muñecos, su historia personal, asombrosa, otro dia hablaré de ella, la conocí cuando trajo a Adrián, desde entonces nos hemos ido comunicando hasta que hace pocos días nos vimos, vino a visitarme y de paso a ver a su creación.

Recordar solamente que Adrián fue creado como reflejo de un niño que falleció de algo llamado muerte de cuna y posteriormente los padres renunciaron al muñeco, Rebeca se sentía turbada por la presencia del muñeco y me lo traspasó a mí, dándome con él la cantidad pagada por la encargante del trabajo.

El encuentro muy agradable, tiempo de saludos, de afecto, de a ver como va todo en general y deseándolo los dos centrarnos en el tema, en Adrián, explicarlo todo, imposible, solo lo haré con lo mas significativo.

lo primero fue sacar el bloc de dibujo, parece que forme parte de ella, teniendo en cuenta mi torpeza para el tema, me asombra como puede ir dibujando mientas dialoga, sus facciones van cambiando, entrando en diversos estados,  después, una expresión de extrañeza, “lo reconozco, claro, pero parece diferente, cambiado, como si sus facciones hablasen de algo, del bebé que sus padres no quisieron, del que yo también me deshice, del muñeco que acabó aquí, entre otros muñecos, pasado de mano en mano, abandonado de la mano de dios, como un paria, un alma en pena”.

Me preguntó si lo había sostenido alguien mas y le dije que si, todo aquel que había querido, que la tendencia natural era acurrucarlo, y que las personas que lo habían hecho, en general habían comentado que era una sensación muy parecida a tener un bebé en las manos, a atraerlo hacia su pecho y que daba una sensación de buen rollo, después también habían sensaciones mas o menos profundas, pero estas ya eran mas diversas, mas cambiantes

Al final, naturalmente preguntó por mis sensaciones, la respuesta fue lo ilógica que quieras pero es lo que siento, es el jefe del grupo, cada uno de ellos tiene su gracia, su “cosa”, su historia pero este es el que domina, siento en él algo diferente a los demás, como una preferencia, el que estuvo indefenso, el que capta el dolor, es una sensación extraña

A veces, por la noche, en estado semi inconsciente, se oye como un llanto lejano, alguna vez como en sueños, nunca acabas de estar del todo seguro, pero como mínimo es significativo, lo fue mucho mas cuando Zen pasó una noche en mi casa, hace mas o menos un año, para experimentar sensaciones y al día siguiente, por la mañana, en el desayuno, comentó lo mismo asombrada.

El instinto me ha llevado a adquirir un reloj, desde que están juntos, hay otra sensación, un compás, todo va en conjunto, de alguna manera misterioso, de alguna manera bello.

Para Rebeca

Patricio

 

 

 

 

 

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