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La belladona, (atripa belladonna), es una de las plantas mágicas más conocidas, es de la familia de las solanáceas, sus hojas y raíces se utilizan para pócimas y medicina, entre otras cosas para el asma, la gota o los cólicos, es conocida también por los nombres: botón negro, tabaco borde o veneno volador, por su gran toxicidad y por su capacidad alucinatoria.
Es la planta sagrada de Lilith y Hécate,  se utiliza en los hechizos de inhibición y prohibición, su nombre ya tiene una historia de lo mas curiosa, era utilizada por las damas romanas (donnas bellas), haciendo infusiones para blanquear el cutis, aplicando asimismo el jugo de su fruto en los ojos para dilatar las pupilas, costumbres de la época
Paracelso, en su obra Botánica Oculta la describe de la siguiente manera:” tiene propiedades similares al beleño, y es otra de las varias plantas que entran en la composición de la pomada de las brujas, sus hojas secas y trituradas, mezcladas con azafrán y alcanfor constituyen un perfume mágico para ahuyentar las larvas”, aunque en el diccionario infernal de  Collin de Plancy agrega que este mismo perfume es utilizado para magia amorosa.
Habían muy pocas pociones mágicas dignas de tal nombre que no llevara una parte de belladona en su composición, hay que tener en cuenta que también tiene propiedades afrodisíacas, de echo era utilizada en Egipto como narcótico, en las orgías dionisíacas como afrodisíaco, y como detalle a los amantes de la cultura celta, era ofrecida a Bellona diosa de la guerra.
El humo que produce cuando se quema provoca sueño y alucinaciones, y antiguamente era utilizada por los ladrones para dormir a sus victimas, es curioso, el mundo de la delincuencia es algo que también va evolucionando si observas los estudios que realizan los penados, una mayoría abrumadora estudia derecho, también es verdad que ahora en Europa menos en algunos es muy bajo el analfabetismo, entonces los cacos no era normal que supiesen leer la mayoría, igual por eso eran tan entendidos en según que materias, algunas que hoy denominaríamos parafarmacia, las que después les eran útiles, claro.

Patricio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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