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Dentro de las cosas sumamente molesta están los que gritan, gritan para mostrar su desacuerdo con cualquier opinión tuya, gritan para llamar tu atención, gritan para imponerse, gritos y más gritos.

Te avasallan, te violentan, te dan ganas de meterles un cagarro de perro en la boca, a ver como gritan ahora, igual disminuyen el tono, y después pasa otra cosa, que no se te escape un grito a ti un día, porque verás al personaje mas intolerante de la ciudad delante de ti, y no reaccionará como tú, a la 0,7 millonésima de segundo estará alzando su voz hasta los cielos.

Gritan los sordos, porque no oyen, gritan los palurdos, es su forma habitual de comunicarse, gritan los primates, para que te fijes en ellos, parece que no sepan hablar, negociar, exponer, respetar.

No es necesario gritar para amedrentar, me imagino un personaje indignado, muy colorado y gritando ¡¡a ti te voy a matar!!, pues en principio mucho miedo no da, mas la impresión de agilipollado profundo, pero si alguien se pone pálido, se acerca lentamente y me susurra al oído: a ti te voy a quitar la vida, esto me va a preocupar mucho más que lo otro.

Los indús dicen que se grita porque se alejan las almas, y desde tan lejos cuesta más oír, pues si te lo paras a pensar tiene sentido, porque si lo miramos al revés es totalmente al contrario, ejemplo, una pareja de enamorados, sus corazones están muy cercanos, su hablar es dulce, suave, cuanto más enamorados, más suave, más dulce, muchas veces menos palabras, no son necesarias, están tan, tan cerca los corazones que solo con una mirada ya hay comprensión, por la cara que pongo, por la forma en que te miro, sabes que te quiero.

¿Y con que carta identificaría el hecho que viniese alguien gritando?, con El Juicio, invertida, llamada también entre otras maneras: la carta de las broncas.

No hace falta que me grites, por las formas se pierden las razones.

Patricio

 

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