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Isaac era uno de los pequeños de la clase, del cole, las bromas al respecto ya eran costumbre, ya no le afectaban, lo que le afectaba era un tal Ricardo, 4 o 5 años mayor que él, al que encontraba muchos días al volver a su casa, solo o acompañado, la afición de este Ricardo era maltratar a Isaac en cuanto lo veía, cosa que hacía solo o en compañía, dependiendo de la situación.

Aquello se estaba convirtiendo en una obsesión, no quería dormir, a la que lo hacía soñaba con Ricardo, de carácter introvertido, un día Isaac decidió hablar con su padre esperando encontrar en él algún tipo de apoyo, la respuesta del padre fue: la vida es dura, hijo, como una selva, llena de animales feroces, yo no estaré siempre y tienes que aprender a arreglar tus propios problemas, utiliza tu arma mas poderosa, tu inteligencia.

Aquello no tenía ningún sentido ¿Qué pretendía su padre?, ¿Qué le retase a ajedrez?, solo sentía miedo, impotencia, aquel chico se había convertido en un monstruo en su mente y cada día le tocaba lidiar con el mismo.

Los dos días siguientes Isaac no quiso ir al colegio, decía que no se encontraba bien, tenía sudores, tiritonas, su padre lo vio el primer día y le dijo, mientras estés en la cama recuerda los principios del ajedrez, ¿piedad con el enemigo? Ninguna, el segundo día fue mas cruel con su hijo, descansa hijo, así aprenderás que es sentirse derrotado antes de luchar y sabrás como se siente un perdedor.

La idea surgió como de la nada, imaginándose por un momento pegando a aquel chico sin piedad, aquello le satisfació, la idea fue cogiendo forma, lo vio claro, como resplandeciente.

Dos días después, a las 22,30 Ricardo entraba en el portal de su casa, había estado con los amigos, hacía unos días que no veía a Isaac, habría que organizar una caza para darle un repaso, agazapado, como de la nada salió Isaac y le dio con un palo en la espalda, Ricardo cayó, Isaac no paraba de golpearle por todas partes, el dolor era insoportable, Ricardo lloraba, suplicaba, imploraba.

Isaac paró de golpear, Ricardo solo lloraba convulsionándose, Isaac le dijo ¡mírame!, sacó un cuchillo y le dijo: si tú o alguno de tus amigos me toca un pelo pincharé a tu madre, si me denuncias pincharé a tu madre, si veis que alguien se mete conmigo y no me defendéis pincharé a tu madre.

Aquello había cambiado, el padre de Isaac estaba mas tranquilo, veía a su hijo mas relajado, sonreía con frecuencia, Isaac pensaba, es verdad el refrán, ante grandes males, grandes soluciones, y sonreía, Ricardo no sonreía, hacía cuatro días que no podía dormir, a la que lo hacía tenía pesadillas, soñaba con Isaac.

Patricio

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