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Hoy vamos a hacer un viaje al pasado cercano, 1920, Andalucía, el otoño va dando sus últimos coletazos para recibir al próximo invierno, carretas de gitanos, tiradas por caballos se dirigen al punto de reunión para pasar el invierno, una gran explanada, cerca de un río, tengo amigos entre ellos, van a hacer una fiesta para celebrar el encuentro, te he invitado y has aceptado acompañarme.

Las carretas van llegando, se van instalando, abrazos, besos, reina la alegría del reencuentro te los voy presentando, los Heredia, son esquiladores y jornaleros, los Vargas son cesteros hacen belleza del mimbre, los Cortés son herreros, la forja es su magia, los Moreno son hojalateros, los Reyes, orfebres, de sus manos destila el arte, los Gabarri son buhoneros, te llama poderosamente la atención que tengan un oso.

Se ríen de nosotros, los llaman “los payos” (no gitanos), los hombres están avivando el fuego de la hoguera, los músicos poniendo a punto sus instrumentos, las mujeres riendo, hablando de vete a saber que.

Juan Gabarri y yo somos amigos desde antaño, su mujer se llama Carmen y tiene dos hijas casaderas, y Yogui, el oso, a una señal de la madre, las chicas te llevan consigo, entre risas te visten como ellas, pañuelo en la cabeza incluido, te llevan a bailar con las otras mujeres, haciendo un corro, alrededor de la hoguera, cogidas de las manos, la música marca el ritmo, el fuego pone la magia, y la noche estrellada el misterio.

Al principio te dejas llevar, después el hechizo del momento te invade el alma, parece que el cuerpo vaya solo, al son de la música, con el crepitar de las llamas, ya nada importa, solo tú y el momento.

Vuelves hacia mí, sonriendo, agitada y me preguntas ¡por dios, Patricio! ¿Cuándo es la próxima fiesta, a finales de otoño, cuando va dando sus últimos coletazos para recibir al próximo invierno.

Patricio

 

 

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