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Iba a verte, por fin; quería saber si lo que creía sentir era real o no. Curiosamente, estaba tranquila, muy tranquila. Absolutamente relajada, disfrutaba de la tarde, sin mirar el reloj, sin preocuparme de si mi maquillaje estaba bien, si la camiseta me sentaba bien….nada. No importaba si llegabas antes o después, sabía que llegarías. Y lo hiciste.

Nuestras miradas se cruzaron unos segundos desde la puerta, nada más, sólo unos segundos. A veces, no hace falta más que unos segundos para cambiar toda una vida. Y ahí lo supe, sin ninguna duda, ERAS TÚ.

La vida es muy curiosa, mucho. Te había buscado toda mi vida. Pero ya no. Estaba convencida de que no existías y no quería conformarme una vez más con menos de lo que me merezco. Había cerrado totalmente la puerta al amor. Demasiados golpes, demasiadas decepciones, demasiadas mentiras por buscarte en almas que no eran la tuya. Había cerrado la puerta, tirado la llave y empezado a vivir mi vida sin buscarte ya.

Y así, sin saber muy bien cómo, sin entender nada, llegaste a mi vida rompiendo todas las barreras que había puesto. No me lo esperaba y no quería abrir esa puerta. Pero algo me susurraba “hazlo, hazlo, hazloooo”. No fui yo, no tengo conciencia de haber abierto la puerta, no sé cómo fue, sólo sé que ocurrió. Y cuando nuestras miradas se cruzaron por fin y te reconocí, sentí que tú también me reconocías. No había vuelta atrás, no había salida, no había más que tú, más que yo.

Y después, cuando tu piel tocó la mía, cuando la mía tocó la tuya, cuando a solas me perdí en tus ojos y me quedé allí resguardada, supe que nunca querría salir de allí. Te dejé un pedazo de alma en la tuya. No hay vuelta atrás, mi vida, no la hay.

Y ahora se, que todas las veces que creí amar me engañaba, que todas las veces que deseé otros cuerpos no era amor sino sexo, que todas las veces que me hirieron o me hicieron reír, o herí o hice reír, sólo era una manera de preparar mi alma para que cuando te encontrara te reconociera. Ahora sé, que jamás amé antes de ti, que jamás amaré a nadie más, que lo nuestro es sencillamente el AMOR.  Que no hay definición posible, ni nada más sublime que sentir que mi alma encaja en la tuya, se engancha a ella hasta la eternidad y ahí se queda, totalmente entregada, indefensa pero poderosa, resguardada pero protectora, fundida en la tuya por siempre jamás. Ahora sé lo que es desear a otro ser, hasta perder la cordura, sentir que es la forma que tienen los cuerpos de contactar el alma, que no hay nada más puro que sentir tu cuerpo en el mío mientras mis ojos se pierden en los tuyos y te gritan ámame, mi amor ámame porque nunca más podré ya vivir sin ti.

Y si un día te marchas, la parte de alma que te entregué se irá contigo y quedará junto a ti y yo seguiré mi vida esperando, que en algún lugar, en algún momento se puedan volver a encontrar.

No sentí pena cuando cogí el tren de vuelta. Ninguna. Me quedé dentro de ti, te quedaste dentro de mí. Te he esperado tanto tiempo, que la distancia que nos separa no será ningún obstáculo que no podamos vencer, porque ya no es cuestión de cuerpos, es cuestión de almas, y cuando las almas se encuentran después de tanto buscarse, no encuentran obstáculo que no puedan vencer.

Nunca jamás amé así, nunca jamás habrá un después de ti, sencillamente porque nunca jamás terminará. Esa es nuestra condena….y nuestra bendición.

Gla Dys

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