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todos hemos visto Alien, el octavo pasajero, un monstruo insaciable que devora a todo aquel a quien pilla, un bicho espeluznante que no hay forma de matar, si estás cerca de él estas muerto, su aspecto es terrible, como salido del infierno, no hay defensa, se apodera de ti y te devora sin piedad, un monstruo de película.

Hay en la vida real otro monstruo mucho más terrible, con un poder maléfico, los celos, se apoderan de ti, te devoran, producen enfermedades mentales, vives en una constante angustia, imaginando escenas de la persona que amas pendoneando por camas diversas.

Es un funeral asegurado, durará mas o menos, pero aquello acabará fatal, demasiadas veces demasiado fatal, todo empieza por un pensamiento, una sospecha, ya no mira a su pareja con amor, la mira estudiándola a ver si encuentra en su rostro algún rastro de culpabilidad.

Poco a poco, lo que debería ser un ambiente de felicidad empieza a ser un ambiente hostil, ya no puede tener amigos, está obligada a dar explicaciones de todo lo que hace, ha aprendido a mentir para protegerse, él no entiende que no es de su propiedad, la vigila, la sigue, poco a poco, aquellas ilusiones puestas en esta relación se pudren.

El infantilismo de él, sus inseguridades le atormentan, sus pensamientos se convierten en odio, en su imaginación se siente traicionado, parece que todo el mundo le mira al pasar, como si llevase un casco de viquingo.

Aparecen las acusaciones ante las que la dama no se puede defender, solo decirle que son imaginaciones suyas, él la mira con odio, la acusa de embustera y puta, sin darse cuenta que la está perdiendo a marchas forzadas, pues a cada envite a ella se le va rompiendo el alma poco a poco.

Ya lo dice el refrán, es mucho mejor ser cornudo y no saberlo que no serlo y creer que lo eres, entonces te conviertes en el alien.

Patricio

 

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