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Cualquiera de nosotros podemos ser ermitaños, en cualquier momento, inesperadamente, consciente o inconscientemente, carta El Ermitaño es intrigante y maravillosa, he aquí una historia real, para ilustrarla.
Marie, 80 años, trenza hasta la cintura, tez clara y ojos azules, salud a raudales, vive en un pueblo pequeño, es de la que todos llaman “la loca”, recoge hierbas y ayuda con ellas a todo el que la necesita, la llaman loca, pero todo el pueblo acude a ella cuando el médico no tiene ni idea, aparte que el médico está mas en la taberna que en la botica, cosas de un pueblo.
Marie baja al pueblo y algo la atrae enormemente hacia la iglesia, ella no cree en nada mas que en si misma, pero tuvo que entrar, como si de un imán se tratase, curioso
Vio el púlpito y observó el confesionario, se acercó a el y se arrodilló, una ventana de madera corrió y surgió una voz melodiosa que le dijo sin mas…Ave María Purísima, ella no sabía que contestar, pues era la primera vez que entraba en ese lugar, y desconocía sus costumbres.
Marie comenzó a relatarle todo lo que había vivido, durante horas, la guerra, la época hippie, el sexo, el amor, el hombre que la escuchaba tras esa ventana de madera, sin cara, en silencio, estaba embobado, se le notaba en la respiración, ambos sintieron haber encontrado su alma gemela, le dio la bendición, no le puso penitencia ninguna y la despidió en paz.
Marie cada semana volvía a ese lugar magistral, relataba y hablaba con esa persona sin cara, que le escuchaba, con voz melodiosa…..cómplices en la sombra…detrás de una ventana.
Después de dos años, por sorpresa, cuando Marie comentaba con él su amistad, después del tiempo salió un hombre del confesionario, un hombre que le sonrió y le dijo: Marie, soy José, por fin nos vemos cara a cara, no nombró a Dios para nada, le besó en la mejilla.
Desde ese día no se separaron nunca, vivieron lejos del pueblo, de sus habladurías…vivían en la cima, tocando el cielo, los dos juntos, un gran amor
A los 89 años Marie tuvo la llamada del ser con guadaña, sintió como la llamaba, y se separó de él, de José, fue obligado, le vio llorar, sufrir, su enamorado sufría Marie se elevó.
Desde ese día, José vive en el monte, en la cima, tocando el cielo, en soledad, pero lo toca, dicen de él que es un ermitaño, en el pueblo le llaman loco, pues abandonó todo por una loca, por su amor, por Marie.
Antes, cada 14 de febrero le ponía rosas en su tumba, era su día, ahora no, ahora lo hace todos los días, para él, todos los días son el día de los enamorados, todos los días son el día de Marie.
Marisa Herrero Arteche

 

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