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Este es un arcano con el cual identifico algunas épocas de mi vida, exactamente aquellas en las que me he sentido traicionado o defraudado, y mi tendencia ha sido enclaustrarme, retirarme o aislarme, como prefieras, del mundo de los humanos.

Miras la carta y ya ves que el personaje está retrocediendo, solo, y alumbrando, buscando donde ha estado el error o los errores que han llevado a esta situación, descubrimos algo más en la carta, la seriedad del personaje, está enfermo, ha perdido temporalmente la facultad de sonreír, desde este punto de vista estaría como la opción 1 de la publicación de hace unos días titulada “Cuando la cagas”.

Cuando he estado siguiendo esta tendencia ¿Qué me ha pasado? he pensado aquello de: “mejor solo que mal acompañado”, estoy dolido, quemado, herido, pienso: estos humanos son todos una banda de cabrones, mejor cerrarse que volver a exponerse, como hace el personaje de la carta, bien tapado, con el bastón mirando bien por donde piso, y con el farol, buscando el fallo, para descubrir, al final, que el fallo no está en los demás, sino en mi, por confiado y atontado.

Durante este tiempo, he perdido la sonrisa, las ganas de relacionarme, he dormido pésimamente, he descuidado mi puntualidad, me he obsesionado con tonterías, se me ha agriado el carácter, he comido fatal, me han invadido temores diversos, infundados, imaginarios o exagerados, me he sentido como un anciano anacoreta, como el arcano que comentamos hoy.

Y así, sin darme cuenta, poco a poco, he ido metiéndome en un pozo del cual a veces no ha sido fácil salir.

No es una carta que me encante cuando sale en una lectura, mas bien suele ser de aquellas que me hacen arrugar la nariz, aunque naturalmente tiene su lado positivo, aunque yo no se lo vea demasiado a menudo.

Después, en el siguiente episodio, ya viene La Rueda, ahí daremos un giro a la situación retomándola desde otros puntos de vista, parece que algo se va a empezar a mover, o quizás a remover, veremos hacia donde.

La caricatura de la carta es una adaptación que hizo Javier Díaz Martín de la carta El Ermitaño reflejada en mi persona, ¡vaya!, ya podría haber elegido a otro arcano, no se, digo yo.

Patricio

 

 

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