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Marta estaba aburrida, domingo por la tarde, ese momento que no te apetece nada, solo estar en el sofá y ver la tele, ¡Por dios!, esto no puede ser, solo me falta la manta, parezco mi abuela, ¡ahora mismo me arreglo y salgo a tomar algo por ahí!.

Entró en el coffe, pidió algo de beber y observó el ambiente, algo le llamó la atención, un hombre, rodeado de mujeres a las que les leía las manos y les echaba las cartas del tarot, lo observó, no parecía gran cosa, sin embargo tenía algo, un algo atrayente, confuso, misterioso, de repente la miró fijamente, Marta se sintió turbada, como si la hubiesen pillado haciendo alguna travesura, el hombre le sonrió y con la mano le dijo: acércate.

Hola, soy Patricio, ¿y tu?, Marta, le respondió, se dieron dos besos y la sentó a su lado, ¿me permites tu mano?, cuando la mano del hombre empezó a acariciar su dorso sintió como un escalofrío, el hombre empezó a hablar: El aburrimento te mata, eh querida, eres demasiado sensible a las críticas, tienes la piel demasiado suave para que sea de otra manera, en el primer momento se sintió impresionada, pero pensó: razonemos solo son generalidades.

El hombre la miró: ¿conque generalidades?, ¡no era posible!, ¡le había leído el pensamiento!, no, no, sus ojos la habrían delatado, debería ir con cuidado, ese hombre era bueno, muy bueno, le dijo: muéstrame tus palmas, las miró fijamente y le dijo: Con 8 años mas o menos falleció uno de tus progenitores, te han roto el corazón dos veces, pero todavía tienes esperanza, trabajas en algo relacionado con el arte, hasta me arriesgaría y diría que eres restauradora, había quedado impresionada, les pidió a las otras chicas que nos dejasen solos, lo cual hicieron a regañadientes, con miradas envidiosas.

Les he dicho que nos dejasen solos para decirte cosas que seguramente querrías guardar en tu intimidad, ¿sigo?, ¡por favor!, Con 12 años sufriste un trauma sexual, sobre los 15 perdiste otra vez a alguien muy querido, sobre los 19 te enamoraste perdidamente, quedaste embarazada y tuviste un aborto, se sentía intimidada, desnuda, pero tremendamente fascinada.

Sin saber muy bien como, solo dejándose llevar, estaba en casa de Patricio, una especie entre ático y buhardilla, entre romántico y morboso, algo resaltaba, una estantería con unos extraños muñecos, ¿Quién son?, son mis niños respondió, Marta sonrió, ¿y tienen nombre?, claro, Virtudes, Anselmo, El coco, Felisa y Yolanda  son Las cipayas, delante de ellas, Teresa y Bernardo, y mi querido Nicolás, arriba, La mano, El cejas, Crispín y Magdalena, aquel personaje tenía una imaginación desbordante, entre besos y suaves caricias se desató la pasión, una pasión que duró mas de 5 horas.

Marta estaba exhausta, pero contenta, muy contenta, aquel personaje era rarísimo, le recordaba a Jack Nicholson en las brujas de Eastwick, se levantó para ir al baño, al salir no pudo evitar mirar la estantería de los muñecos, entró en la habitación y los observó fascinada, habría jurado que alguno sonreía, que alguno la miraba, de repente sintió a Patricio detrás de ella, oliéndola, acariciándole el vientre, entre susurros le preguntó, ¿Qué hacías?, excitada y sonriendo le contestó: observando a tus niños, Patricio le dijo. es su hora de cenar, sonriendo con picardía Marta le preguntó: ¿y que comen?, no sintió el cuchillo que le cortaba la garganta, mientras respondía: Carne fresca.

Habían pasado dos semanas, otra casa, otra vida, Carmen estaba aburrida, domingo por la tarde, ese momento que no te apetece nada, solo estar en el sofá y ver la tele, ¡Por dios!, esto no puede ser, solo me falta la manta, parezco mi abuela, ¡ahora mismo me arreglo y salgo a tomar algo por ahí!.

Patricio

 

 

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