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Podíamos afirmar, que de alguna manera, el arcano La Rueda es el reloj del tarot, la que marca los tiempos, en general, para lo bueno y para lo malo, pues de igual forma que a veces parece que las desgracias vengan encadenadas, lo bueno también, pero no nos damos cuenta, solo sabemos que uno dura mucho tiempo y el otro pasa en un plis.

De jovencito, tenía un amigo llamado José, este chico tenía muy buena voluntad y ánimo para trabajar, la parte mala era su torpeza natural, estaba contento porque había entrado a trabajar de aprendiz en un taller de reparaciones caseras.

Este chico, tenía una novia llamada Sylvya, la cual tenía una entrevista de trabajo en un hospital, poco le había costado convencer a José que la acompañase aquel día, solo con mostrarle un poco el escote la cosa estuvo clara, llegaron al hospital, y convinieron que José la esperaría en un bar cercano.

Estando en el bar, a José le entró una necesitad y tuvo que usar el cuarto de baño, al tirar de la cadena, esta se le quedó en la mano, ¡esto lo arreglo rápido!, se encaramó a la taza del retrete resbaló, se cogió de la cisterna, la cual, con el peso se descolló de la pared, dando en el lavamanos, el cual también se rompió, creando un gran charco de agua que no dejaba de manar.

Salió del baño todo lo sigiloso que fue posible, poco a poco se dirigió hacia la salida, casi rozando la puerta notó una mano que lo sujetaba, era el camarero, ¿Dónde vas?, este estropicio lo vas a pagar caro, ye hemos llamado a la policía.

A José le entró el pánico, se revolvió y empujó al camarero contra la vitrina de cristal para poder escapar, la vitrina estalló en mil pedazos, y José, por fin pudo escapar como alma que lleva el diablo.

Era ya de madrugada, José estaba destrozado, la aventura de la mañana y después Sylvya, no había querido oír la historia hasta el final, ¡a saber con que tipo de pelandrusca te habrás encontrado!, ¿te crees que soy tonta?, ¡insultas mi inteligencia con tus fantasías!, ¡ah!, ¡ya se quien eres! ¡Popeye el marino!, ¡anda, ve a buscar a Olivia y olvídame!

Sylvya estaba tumbada en la cama, era ya de madrugada, sonreía, había perdonado a José, había estado reflexionando, aquello, o era la mentira mas grande jamás contada o tenía que ser verdad por fuerza, sin duda lo amaba.

La Rueda invertida,: una serie de pequeñas desgracias

Patricio

 

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