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Hay una diferencia entre que te partan el corazón y rasguños en el mismo, no es lo mismo cuando te gusta alguien y te dan calabazas que cuando has pensado que era amor auténtico, del bueno, te has entregado en cuerpo y alma y después resulta que no era así.

¿Y esas miradas?, ¿y esas sonrisas, ¿eran algo solo pasajero?, ¿algo producido por el momento?, ¿un invento producido por mi imaginación?, ¡son tantas las preguntas que te puedes hacer!

No sabes por que y una especie de desazón se va apoderando de ti, no te sientes valorado, tienes una sensación de vacío, el fantasma de una duda que no quieres ver, como si pensases: tengo claro que te quiero, si te digo que de una forma brutal me quedo corto, pero parece que no tienes ni puta idea de que te hablo, y eso me va matando un poquito cada dia.

Pasa el tiempo, nada cambia, nada varía, y si lo hace es para peor, el ideal se derrumba poco a poco, la llama se va extinguiendo lentamente, se pierde el interés en avivarla, la herida interna sangra, te empiezas a ver mal a ti mismo y solo quieres dormir para que pase un día más.

Llega un momento que en lugar de estar viviendo con alguien vivas contra alguien, lo que antes hacías con alegría ahora es una pesadez, como no te sientes valorado empiezas a no valorar, recuerdas cuando eras el primer plato y ahora no llegas ni a postre, te planteas la posibilidad de haberte vuelto invisible, como que molestas.

Y cuando la antorcha está apagada, cuando el corazón ya no sangra, si no que tiene una hemorragia, cuando ves que se acerca el fin de la película, ¿Qué hacer?, bueno, aquí hay varias alternativas, ponerse una coraza in eternum, retroceder al Ermitaño, estar un tiempo con el alma en pena, si, pero ¿y después?, necesitas una nueva ilusión, que ya no te importe quien te lastimó ni quien te hizo llorar, si no quien te hace volver a reír otra vez.

Patricio

 

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