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La confianza es como la esperanza, necesaria, en alguien tienes que confiar, aunque desgraciadamente ves que no es todo lo bueno que uno pudiese desear, por una razón, la confianza es la madre del descuido y si algo nos enseña la experiencia es que muchas de esas veces que hemos confiado nos hemos descuidado, y nos han jodido bien jodidos.

Llevo años oyendo y leyendo hasta la saciedad cosas sobre el concepto karma, europeizado, claro, o sea una sosez lenta y sin sentido práctico, los idearios originales que son los asiáticos tienen un concepto un poco diferente de nosotros, haciendo una sensible diferencia entre lo que es karma y lo que es imbecilidad humana.

Para ellos la desconfianza es una de las normas básicas de la vida y las desgracias que te vengan por no seguir este concepto no tiene nada que ver con el karma si no con lo poco espabilado que seas o la dificultad que tengas en aprender las lecciones de la vida, de las cuales esta es una de las principales.

La carta La Justicia ilumina perfectamente ese concepto, como soy una rata de ciudad me sorprendo de las personas que sujetan un melón, lo palpan, lo huelen y saben que ese es el bueno, yo se lo tengo que preguntar a mi frutero, y siendo el entendido me dice en confianza: ¡ah, Patricio!, a veces hasta que no lo rajas y lo abres no lo sabes, te puedes equivocar, rajarlo es la prueba definitiva, que es exactamente lo que hacen los orientales en sentido metafórico con la espada de La Justicia.

El sabio mas grande conocido fue el rey Salomón, en el libro del Eclesiastés explica su sistema de investigación_ “pesando cuidadosamente cosa por cosa, cuestión por cuestión”, ya tenemos sentido para la balanza de la justicia, o sea una investigación a fondo antes de depositar mi confianza, mi amigo Shimoda, japonés, dice que los occidentales tenemos demasiados amigos porque no acabamos de entender bien el concepto amigo, y su lógica es impecable pues le hacen muchísimas menos putadas por confiado, por estadística le debería salir menos La Torre, en el sentido de aquellos catacracs emocionales cuando decimos: ¿sabes que me han hecho?, claro, lo que sea, por confiad@.

El tercer punto serían los ojos abiertos del personaje, bien atento, en un mundo de máscaras, como las que lleva el príncipe del Carro, lo mejor es estar preparado para lo imprevisible, bien atento, examinándolo todo antes de creerte nada, como dice Shimoda: cuando el zorro oye el sonido de un conejo lastimado sale corriendo a su encuentro, pero no para socorrerlo.

Pregúntale a cualquier oriental de los que inventaron el karma, ¿Qué prefieres ser, zorro o conejo?, no lo duda, porque según su punto de vista nadie nace conejo, el conejo se hace, o lo hacen, claro, este Shimoda tiene una forma muy peculiar de razonar.

Hay algo que enseña el tarot muy claramente en todo su desarrollo y que jamás he leído en ningún libro que hable sobre el tema: que no seamos pardillos.

Patricio

 

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