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Este escrito contiene spoiler.

Cara a cara, esta es una película que hemos visto la mayoría, y no solo una vez, al principio cuando Nicolas Cage es el malo, sube a un avión y le dice a la azafata: yo puedo estar dos horas comiéndome una perita, no se que es lo que dirá en la versión original, pues el inglés siempre me ha parecido algo dificilísimo, pero la cosa tiene mucha gracia, si lo piensas, ¿con que carta se relaciona esta pregunta?, con El Diablo, es el personaje que muestra la lengua, el que devora tus entrañas hasta hacerte enloquecer, ¿dos horas?, y tres si es necesario, antes del primer descanso, el placer que siente viendo a su hembra corriéndose como una loca es algo que no tiene comparación.

¿Y ese es el malo?, ¡que va!, el malo es el que no es capaz de comerse la perita, ni entera, ni por partes, entonces salta una cuestión, ¿Cómo se come una perita?, bueno, hay unos que se la comen con piel, otros solo en almíbar, otros lo aprovechan todo, hasta las pepitas y el rabillo, y por último los que no les gustan las peritas.

También hay quien se la come rápidísimo, un visto y no visto, le preguntas ¿y la perita?, y es como si no hubiese existido nunca, en cambio hay otros que se deleitan con ella, saboreándola lentamente, les ves la cara de satisfacción a cada mordisquito.

No te creas, entenderlo, lo entiendo a medias, porque a mi tampoco me gustan los guisantes, en cambio hay quien los adora, pero si le  preguntamos al Diablo, ¿de quien te ríes?, ¿del que no le gustan los guisantes o del que no le gustan las peritas?, vemos que sonríe y saca la lengua, no creo que sea de los guisantes precisamente.

Alguna vez me han dicho de los guisantes: porque no los has probado como yo los preparo, y pienso: ni ganas, pues hay quien piensa lo mismo de tan jugosa fruta, bueno, parece que todo queda en el mundo de los vegetales, de lo verde, y si, es cierto que cada uno tiene sus manías, pero no por eso tienes que entender perfectamente las de otros.

El Diablo, Cage, Travolta disfrutando de los amores de la mujer de su enemigo, sonriendo como El Diablo y pensando como Oscar Wilde: “No hay nada como el amor de una mujer casada, es una cosa de la que ningún marido tiene ni idea.

¿De que se ríe El Diablo?, ¡y yo que se!, de esto del tarot no tengo ni idea.

Patricio

 

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