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Pasan las horas, estoy en la cama, boca arriba, observando  el ventilador del techo, una vuelta, dos vueltas, tres vueltas, siempre el mismo ritmo, su sonido zumbando en mis oídos, todo es calma, quiero perpetuar este instante. Es de madrugada y todavía no consigo dormir, me duelen los ojos pero no quiero cerrarlos.

Solo me asaltan imágenes, una tras otra, aquellos momentos donde ere el hombre mas feliz del mundo, lo tenía todo, ¿Cómo me puede doler tanto ahora?, ¡que frágil es la felicidad!, intento clasificar mis recuerdos, mis dudas, mis miedos, pero no hay orden en mi mente, siguen golpeándome una y otra vez, mi cabeza es como un saco de boxeo, me siento débil.

Las lagrimas botan sin parar, son mis fieles compañeras, van a su bola, no consigo controlarlas, ¡que jodidas son!.

El ventilador sigue girando inmune a mi dolor, el humo de mi cigarro adopta formas burlescas, ¿se estará riendo de mi?.

Me siento pequeño, como un niño, ¿pero que digo? ¡soy un hombre!, ¿un niño hombre?, Ya no lo se, solo se que me duele el alma, ¿Dónde está la medicina para curar esto?, ¡que me duerma lo que siento!.

Miro el reloj, no ha pasado ni una hora, pronostico una noche eterna:¡quisiera tanto poder cerrar los ojos, acurrucarme en tu hombro y oírte decir: “tranquilo, no pasa nada, ha sido solo un mal sueño”, pero solo escucho el sonido del ventilador, quisiera ser como él, mecánico, carente de dolor…

¿Cuánto durará esto?, recuerdo cuando era pequeño y le preguntaba a mi madre: ¿falta mucho, mamá?,  y ella respondía, no, no falta mucho!

¡Que cabronada es esto del tiempo!, o se nos escapa o se convierte en Ermitaño, no es justo, no hay equilibrio, ¿Dónde está Templanza para remediarlo?, La Justicia me mira y se ríe, me acecha La Luna, me perturba cos sus dudas, miedos y misterios.

¿Dónde estás Loco?, por favor, socórreme, recógeme, devuélveme la alegría y vámonos de aventuras una vez mas.

Patricio

 

 

 

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